viernes, 23 de noviembre de 2012

Un amor eterno... Pequeño relato


Todo tiene su final 




Veía el mundo, su vida, todos los momentos importantes y aquellos que creía olvidados, pasar delante de sus ojos. Sentía... Sentía cómo su respiración se calmaba, poco a poco más tranquila, más lenta, más pausada; cada vez entraba menos aire en sus pulmones... 
Pero su cuerpo tampoco es que lo necesitara. Llevaba tantos años muerto que sólo quería dejarse llevar. Su mente se quedó en blanco, nada pasaba por ella. No se percataba de lo que estaba pasando, no recordaba por qué debía seguir viviendo...
Nada la habría hecho salir de ese círculo vicioso que es la muerte, nada... Excepto el amor, ese amor que sentía por aquella persona que en su memoria aparecía con una sonrisa, con una cara que mostraba alegría, felicidad. 
La recordaba con el pelo cortito, ropas anchas y cómodas, contenta con el mundo y tranquila, feliz de vivir y con ganas de seguir adelante. Una persona fuerte, de gran corazón, capaz de enamorar con sólo una mirada de sus ojos verdes, con una palabra de cariño dicha con su dulce y grave voz, con sólo un roce de su cuerpo...
Y por un momento se creyó que las cosas volvían a estar bien, que aquel corazón latía, que ese amor vivía, que todo resistiría. Creyó que jamás las cosas cambiarían, que todo a su lugar volvería... Creyó tantas mentiras... Se evadió en un mundo de fantasía intentando olvidar el dolor que su cuerpo sentía...
Pero sabía que nada de eso volvería.
De repente dejó de oír a su corazón palpitar. Dejó de oírse a sí misma respirar... Y en lo más hondo de su cuerpo nació un grito de rabia, de puro dolor. Un grito que pretendía echar de su cuerpo todo recuerdo de aquella persona a la cual la muerte se había llevado. Trató de gritar más fuerte, con su propia voz, para que el mundo entero se hiciera partícipe de su dolor, de su amor perdido, de todos aquellos momentos que jamás volvería a pasar con la persona que siempre quiso amar...
La muerte le había arrancado cruelmente de sus manos... Y ella sólo quería dejar de recordar cada momento, quería dejar de gritar y poder respirar... Pero mientras caía al suelo desmayada y su respiración y su corazón descansaban por fin, echó una última mirada a la tumba que descendía dentro de la tierra, con rosas en ella colocadas, que descendía hasta el fondo de la tierra y que con ella se llevaba parte de su alma, de su vida y su corazón entero encerrada en ella como un tesoro, prisionero del amor, de un amor eterno.

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