viernes, 30 de noviembre de 2012

Prólogo de Belladona

Belladonna




Prólogo


Catorce años antes

Nadie la veía; era invisible.


Estaba ahí, era una más de ellos, pero nadie era capaz de verla... Aunque tampoco es que a ella le importara. Vivía feliz en su mundo. Podría ser que no la escucharan ni la tuvieran en cuenta, pero prefería eso a que la hicieran cualquier cosa mala... No, no quería volver a pasar por eso. Preferiría un millón de veces antes la soledad.


Había llegado nueva al instituto y al principio todos se preocuparon por hablar con ella y ayudarla, pero en el momento que vieron lo retraída que era, poco a poco la fueron dejando de lado hasta llegar a crear una burbuja entorno suya que la hacía invisible para el resto.


Cuando los profesores pasaban lista, llegaban a su nombre y ella alzaba su tierna y letal voz, todos callaban y la miraban. En sus miradas leía desprecio, compasión, extrañeza... Cosa que duraba lo que tardaba el profesor en decir el siguiente nombre.


Sabía que aquellos que la ignoraban cuchicheaban sobre ella. No sabía qué decían (ni quería saberlo), pero aún así le dolía pensar que fuera algo malo... Si solamente ellos supieran su problema... Pero no podía contarlo y, aunque no quisiera aparentarlo, se moría por cada segundo de soledad que pasaba durante las clases los cinco días a la semana.


Esa chica tan callada por la que quería hacerse pasar, escondía muchísimo más de lo que a simple vista se podía apreciar... Escondía muchos secretos que nadie se molestó en explorar y algunos, sin conocerlos, los consiguieron pisotear... Escondía dentro de sí un mundo de maravillas, una fortaleza increíble y una risa preciosa...


Pero la única persona que se molestó en conocerla, en conquistar esa parte de ella, estaba muerta, enterrada a muchos metros bajo el suelo... Ella iba cada fin de semana a aquella tumba, llevaba flores los días que encontraba sus preferidas; y los que no, simplemente se sentaba allí a ver pasar las horas con los libros de lo que tuviera que estudiar, porque quería que esa persona, tan importante para ella, supiera lo bien que le iba con las notas, lo claro que tenía su futuro y que lo hacía todo por ella...


Hoy estaba allí. Había ido a su tumba y se había puesto a recordar... Pero recordar no era bueno, porque echaba de menos todos los momentos que habían vivido. Echaba de menos cada "Buenos días", cada abrazo, cada caricia, cada lágrima derramada y consolada por esa persona que jamás la iba a poder ayudar de nuevo... 


Pero sabía que pasara lo que pasara, siempre la llevaría en su corazón, siempre la recordaría, en silencio, tan silenciosa como ella misma... Siempre la decía que era silenciosa, hechicera, misteriosa y letal...


Su Belladonna particular.


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