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viernes, 4 de mayo de 2012

Desempolvando mi vida... Desempolvando mi guitarra

Cuarta parte



No quiero escribir un final a mi historia. Sé que todavía no ha acabado y que me queda mucho, muchísimo por vivir. Pero al igual que sé que las cosas buenas vendrán, también sé que las heridas que el pasado me causó no se irán. Siempre estarán ahí, recordándome que sólo puedo confiar en mí misma y que a pesar de lo que los demás digan, por mucho que me quieran, sé que mi vida la tengo que vivir yo sola…
Es duro pensar que estás sola, que por mucho que intentes contar con los demás, tarde o temprano te fallarán. Pero nadie es perfecto y eso es una lección que yo aprendí cuando aún debía seguir jugando con muñecas, inventándome mundos en los que todo era perfecto y en el que las amigas eran amigas de verdad. Pero para mí, eso no está bien. De pequeños nos enseñan una visión idealizada del mundo, en la que toda la gente puede hacer lo que quiera sólo con desearlo y en la que conseguir cualquier cosa que imagines no sólo es posible, si no que es algo seguro.
Pero la realidad es muy distinta. Demasiado distinta. Gente muriendo por conseguir un simple sueño, personas dando sus vidas por conseguir una mísera participación en un mundo de locos en el cual, poco importamos aquellos que queremos solucionar las cosas. Sólo importan los que prometen sin cumplir, interesa más el dinero, la posición social, la raza, que el amor, la paz, la solidaridad, el ayudar a quien de verdad lo necesita…
Con el paso del tiempo, los valores que importaban en esta vida han ido cambiando, confundiéndose con otros que nos han hecho volvernos como ahora somos, seres sin capacidad de raciocinio, controlados por una sociedad que nos quita el dinero, la vida, la salud, la ilusión…
Somos meras marionetas de los poderosos. No somos nada porque no podemos hacer absolutamente nada. Todos los intentos de la humanidad por mejorar se ven interrumpidos por la ineptitud, la pobreza, el hambre, las enfermedades, por todo aquello que de una forma u otra no tiene cura o no puede sobrellevarse. Pero el esfuerzo de unos pocos, aunque importante, es inocuo, no sirve de mucho si por cada buena acción que hagamos, hay otras mil malas cometiéndose en ese mismo instante.
Por lo que debemos ser fuertes por nosotros mismos, no debemos rendir cuentas a nadie más, porque al final de nuestras vidas, somos nosotros nuestros únicos jueces y verdugos. Juzgamos nuestros propios actos y morimos poco a poco al darnos cuenta de lo que hicimos… Pero eso ya no tiene solución, todo aquello que creíamos que nos hacía fuertes y poderosos, solo alimentaban la furia de ese ser que nos espera al final del camino, nuestra propia conciencia…
***
Pero en ese instante, cuando yo pude volver a coger mi guitarra, me olvidé de todos esos pensamientos que nublaban mi cabeza, solo pensaba en mí misma, en lo feliz que estaba en ese momento. Y que si la vida era complicada, lo aceptaría con una sonrisa en mi cara y seguiría luchando por todo aquello que amaba sin dejar que nada me intimidara y me hiciera abandonar mi camino hacia la tierra de los sueños cumplidos…

Fin

domingo, 22 de abril de 2012

Desempolvando mi vida... Desempolvando mi guitarra

Primera parte. . .

Una fina capa de polvo la cubría: había estado demasiado tiempo olvidada. Estaba triste, sola, sin tener un motivo por el que volver a recuperar su antigua y particular melodía. Sabía que por sí sola no podía continuar, por sí sola las cosas no eran iguales. Y echaba de menos esas manos que concienzudamente la recorrían, sacando de ella esos sonidos que a todos les hacía pararse y preguntarse qué sería esa singular y exótica melodía. También echaba de menos los sentimientos que esas manos conseguían que expresara en tan solo unos pocos minutos...
Echaba de menos en sí, todo aquello para lo que fue creada. Ahora estaba sola y necesitaba otra vez esa compañía que había estado a su lado durante años, necesitaba sentir aquello que la hacía resplandecer más que la más brillante estrella del firmamento, aquello por lo que esa chica que la tocaba vivía, aquello que llevaba en su alma y que nunca nadie conseguiría que ella borrara u olvidara.
Siempre la habían dicho que no lo dejara, que ella valía, que tenía un talento tremendo y que podría conseguir su sueño. Pero ella se volvió ciega, el dolor, el miedo y la tristeza la bloquearon, hicieron que su razón de vivir, su mayor sueño... Se fuera. Lo dejó de lado, sin mirar atrás, pero soñando con que algún día se reencontraría con esos fantasmas. Sabía que eso pasaría, pero temía ese día, temía pensar en todo aquello que eso conllevaba...
Pero para esa chica no sólo era un sueño, no sólo era música, no sólo es tocar y hacerlo bien... Para esa chica era muchísimo más, era poder expresar sus sentimientos, era la escapatoria diaria de su mundo, era aquello que la hacía sentir libre, que la acompañaba tanto en los buenos como en los malos momentos, era decir todo con muy poco... Para ella, lo era completa y absolutamente todo.
Así que, esa chica decidió volver a perseguir ese sueño, decidió que no lo dejaría porque la hubieran hecho daño, decidió que no volvería a dejar de lado aquello que la hacía olvidarse del mundo y entrar en uno del cual nadie sabía nada. Decidió que era el momento de continuar lo que un día dejó, sin miedo, solamente haciendo lo que mejor sabía: expresar sus sentimientos sin pensar en cómo lo hacía, adorando cada nota que salía de su antigua guitarra, adorando lo bien que las dos se compenetraban, queriendo volver a sentir lo que en su tiempo, el amor hacia ese instrumento y hacia la música en general producía en ella...
Esa chica supo que volvería a tocar, que volvería a coger la guitarra con las mismas ganas de antaño y que esta volvería a ser su confidente, que volvería a ser quien guardara todos sus secretos, quien por sus acordes y notas descubriría sus sentimientos, quien de por vida estaría a su lado para que ella se volviera a sentir segura. Siempre sería una simple guitarra, pero para la chica siempre sería parte de su alma.
Esta es la historia de esa chica, de esa guitarra, del afán de superación, de la alegría y la felicidad frente al dolor de una dura traición, del temor a un mundo del que no te ves partícipe, de la valentía de querer hacer lo que uno desea sin temer por lo que los demás te digan, de la verdadera amistad, de esas personas que sabes que en los malos momentos no te abandonarán… 
Esta es mi historia.