domingo, 23 de diciembre de 2012

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Vuelta al mismo dolor




La luz se apagó. Mi corazón se marchó... Y yo... Yo me quedé sola. Sola ante un destino imposible y una vida horrible. 

¿Por qué yo? ¿Por qué?

Aún no me podía explicar cómo podía seguir llorando, seguir sufriendo... Y cada vez, a cada nuevo paso que daba, una idea se hacía más fuerte en mi interior. Una idea de cobardes o de atrevidos. Una idea suicida.

Tenía todo preparado, sólo me faltaba el momento y la locura suficiente como para hacerlo... Sólo tenía que echar el preparado en un vaso con agua y bebérmelo... Tampoco sería tan complicado. Lo malo es que no garantizaba una verdadera muerte, podría quedar en coma o vete tú a saber cómo... El caso es que no era el mejor plan de suicidio, pero era lo único que tenía.


Y quería hacerlo. De verdad que quería y quiero. Con todo mi corazón roto, mi mente echa polvo y yo destrozada... Debería haberlo hecho, total, ¿para qué seguir sufriendo? 

No quería seguir llorando, odiaba que me dieran ataques de ansiedad durante los cuales no paraba de llorar durante horas, no podía respirara, no podía pensar, me daba dolor de cabeza, arcadas... Sólo quería morirme durante esos momentos...

Y si le añadís la sensación que me oprimía el pecho, invisible pero dolorosa... Era más de lo que yo podía soportar... Demasiado para alguien de mi edad. Pero yo era la que tenía que cargar con todo: mis problemas, los de mis padres, los de mis amigos... Y no es que no quisiera ayudar a todos ellos, lo hacía encantada, pero cada vez me hundía yo más...

Cuando pensaba que por fin todo estaba bien, que las lágrimas se habían acabado, los gritos, las peleas, el dolor... Todo volvía y más fuerte, me hacía más daño... Y yo me volvía a hundir, volvía todo el mal, volvía el dolor, la tristeza, las lágrimas, la ansiedad...


No podía vivir así... No, básicamente no podía vivir. Éso no era vida.

Pero ahí seguía, llorando, luchando, cayendo, sangrando... Seguía de pie por todas aquellas personas a las que amo... Porque no quería hacerlas daño, no quería que sufrieran por mi culpa... Aunque yo quisiera desaparecer, había gente por la que yo debía seguir aquí.

Así que lloraba en silencio... Lloraba y sigo llorando, porque esta historia aún no ha terminado y el destino aún no me ha dicho si todo terminó o no.


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